jueves, 11 de abril de 2013

México, el Futbol y la necesidad de ganar...como sea

Hoy me dí a la tarea de terminar esta entrada que comencé en el 2009 y no sé porqué la dejé abandonada. Bueno, sí se porqué, en su momento pensé que era perder el tiempo. Pero dado que el tema seguirá vigente hasta que se acabe México o el futbol, la terminaré simplemente porque me gusta terminar lo que comienzo...aunque sea muchos años después.

¿Eres de los que se frustran porque la "Selección Nacional" o tu equipo no gana cuando tú quieres? ¿Te enojas porque "tu equipo" -te recuerdo que tú no haces nada porque no juegas- no es capaz de ganarle al equipo que más criticas? ¿Sientes la necesidad imperante de que tu falso equipo gane para sentir que lograste algo, sentirte superior o realizado y así tener el orgullo suficiente hasta para agredir e insultar a los seguidores de los contrarios? ¿También agredes e insultas aunque pierdas para que tu alma sienta que ganaste algo como sea y finalmente encuentre la supuesta satisfacción que necesitas?


Si es así te invito a que abandones todos esos sentimientos, o te convertirás en un mediocre consumado y sólo continuarás los pasos de la mediocridad alrededor de nuestros deportistas y también, ¿por qué no?, de nuestros gobernantes.


Para mí ganar es una cuestión mental y no tiene nada que ver con ninguna de las actitudes negativas que describí líneas arriba. Te invito a reflexionar sobre lo siguiente:


Un equipo es un grupo de personas organizado para trabajar de forma coordinada en la consecución de un objetivo. En términos de futbol, eso es once jugadores enfrentando a otros once contrarios con el objetivo específico de anotar un gol al contrario, y el objetivo general de ganar anotando la mayor cantidad de goles al contrario.

El futbol es un juego con reglas definidas, elevado a la categoría de deporte por el aporte benéfico que puede tener a la salud. Sin embargo, también lo han convertido en un espectáculo para ganar dinero explotando las pasiones humanas, haciendo aflorar las más bajas en mayor medida -y no hablo de las que tienen que ver con la lujuria.

A mi parecer, el propósito de un espectáculo es el entretener sanamente al espectador, al fanático, tú en este caso. Y el propósito del espectador es divertirse. Una relación de ganar-ganar. Sin embargo, cuando las pasiones se desbordan se pierde el equilibrio y por tanto el propósito. En el caso del futbol, si los jugadores se ponen violentos o si los fanáticos se enardecen porque las cosas no salen como ellos quisieran. Pero cuidado, hay una pequeña diferencia entre ser jugador y fanático y ésta es que ellos sí están en posición de hacer algo por su equipo, tú simplemente no puedes porque no eres del equipo, sólo eres un fanático, un cliente, alguien al que quizás de paso hasta le quiten su dinero con la mercadotecnia, eres sólo eso. No es tu equipo, es el de ellos. Por tanto, todo el mérito de la victoria o la derrota es totalmente de los que están en la cancha, no es tuyo, nunca lo fue y nunca lo será porque no hiciste nada...¡nada!. Si no lo sabías, hoy lo acabas de aprender.

Mantén la dimensión de las cosas y recuerda lo que mencioné líneas arriba cada vez que gane o pierda el equipo al que admiras; evita caer en la tentación de las pasiones que te llevan a agredir e insultar en cualquier modalidad a los seguidores de los contrarios. Tú no eres ni mejor ni peor que el resto por admirar a determinado equipo, sólo uno más. El ser un fanático que se deja llevar por la pasión es como ser de los que querían apedrear a la Madgalena de la que nos cuentan en un pasaje bíblico. No puedes simplemente apedrear a la puta...porque quizás tú eres igual o peor.

Libertad sexual y anticoncepción

Hoy escribiré un poco sobre lo que pienso acerca de la libertad sexual de las mujeres jóvenes y lo que he visto a lo largo de muchos años. Me motiva el haber presenciado hace algunas semanas lo que a mi parecer fue la primera experiencia de una chica veinteañera comprando pastillas anticonceptivas, tan fáciles de conseguir hoy en día. Pareciera que tengo suerte para presenciar este tipo de situaciones pues hace algunos meses también me tocó ver a un adolescente pedir en una farmacia casi a escondidas unos condones de cierta marca, pero con la mentira clásica de que no eran para él. En fin.

Explotar la libertad sexual tiene grandes consecuencias. Creo que aquí también aplica la frase del comic de El Hombre Araña: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". El sexo es el mecanismo de la procreación, cuya función y propósito es la preservación de la especie humana. Entonces, usar un poder así de forma irresponsable puede tener graves consecuencias. Dejaré a un lado la parte afectiva mientras expongo mis ideas pues hablar de sentimientos es como hablar de política, religión o futbol.

¿Quién no ha visto de lejos o muy de cerca lo que pasa a quienes pasan por un embarazo no deseado? Durante mi vida de estudiante yo sí los ví. Cada situación fue distinta pero parece que sólo hay dos posibles finales: los involucrados -juntos o por separado- logran superar el trance que algo como esto supone, no sin batallar mucho por supuesto; o todo se complica al grado de arruinar la vida de los involucrados.

Generalmente uno de joven no reflexiona sobre este tipo de cosas cuando decide explotar su libertad sexual, y eso me lleva de regreso al caso de la muchachita en la farmacia. Mientras yo esperaba por medicamentos para mi hijo, ví cuando llegó un auto que se estacionó de tal forma que desde la farmacia no era posible ver a los ocupantes. De ahí descendió la chica quien entró a la farmacia, nos miró a todos, buscó a la dependienta que estuviera libre y sin poder contener su sonrisa nerviosa pidió unas pastillas anticonceptivas mientras volteaba a vernos nuevamente con una sonrisa aún más nerviosa; había vencido el primer obstáculo: el de la vergüenza de entrar y pedir las pastillas. Acto seguido, la vendedora le respondió con una pregunta: "¿cuál le doy señorita?"; Vuelve la sonrisa nerviosa y la mirada a los presentes. Podría apostar que nunca pensó en que le preguntarían algo como eso cuando entró a la farmacia. Después de superar la risa, la chica pregunta: "¿de cuáles hay señora?" y la vendedora responde: "tenemos de varias marcas y precios, déjeme ir a buscarlas para mostrárselas". Esta vuelve con seis opciones en la mano ¡seis! La chica no sabe qué hacer y entonces pide el sabio consejo de la vendedora: "¿cuál me recomienda?" a lo que la vendedora responde: "pues mire señorita, estas dos son las que más se venden pero yo le recomiendo esta que es más barata y es lo mismo" y le entrega una caja. La chica se le queda viendo al medicamento, jamás le da la vuelta para ver si hay información importante que pudiera ser de su interés para tomar la mejor decisión, y simplemente acepta la recomendación, la compra y se va sonriendo igual que como llegó. Todo sucedió en menos de 5 minutos.

¿Qué observador -chismoso me dirían algunos- soy verdad?

Después de reflexionar un poco sobre lo que pasó esa tarde, y hurgar en mis recuerdos sobre lo que pasaron varios conocidos y amigos míos, concluyo que la chica incurrió en varias situaciones graves. Antes de emitir mi opinión aclaro que no estoy juzgando a la chica sino tratando de analizar lo que hizo y entender porqué lo hizo; sólo intento comprender porqué algunas mujeres pasan por embarazos no deseados con todas las consecuencias que esto supone. Nuevamente, dejo de lado el factor afectivo para no complicar más las cosas, por lo que mi análisis no es ni concluyente ni absoluto, sólo busco armar una simple opinión. Cada quién tiene el derecho de construir la suya.

Nadie puede negar que hoy en día la mayoría de los jóvenes en las zonas urbanas tiene acceso a muchísima información a través de los medios masivos de comunicación y la sorprendente Internet. La educación ha evolucionado y temas como la sexualidad ya se discuten en las escuelas de forma cotidiana, como siempre debió ser. A diario estos jóvenes presumen de ser la generación más inteligente, la más moderna y también la más liberal. Aquí es en donde comienzo a preguntarme: ¿entonces porqué terminan saltando al precipicio de todas formas?

Ví a una chica totalmente desinformada, que no sabía nada de métodos anticonceptivos. Ví a una mujer decidida a arriesgar su salud y su vida al preferir una pastilla que un condón -posiblemente cedió a la presión masculina quien seguramente le dijo que la experiencia sería mejor-, sin pensar en todas las enfermedades que podría transmitirle su compañero en turno. Ví a un ser humano libre y pensante, en pleno uso de sus facultades, jugar a la ruleta rusa y apostar irresponsablemente sus sueños y aspiraciones a una edad a la que sus posibilidades son infinitas pues cuenta con el don de la juventud. ¿Qué la motiva a actuar así? ¿amor? ¿niveles hormonales o necesidad biológica? ¿soledad? ¿necesidad de aceptación? ¿ganas de divertirse? ¿libertinaje?

En mi opinión las mujeres se llevan la mayor parte en el problema y eso es lo que más me entristece. Por décadas, las mujeres han luchado por salir de una situación que las limitaba como individuos con igual o mayor potencial que muchos hombres. Hoy eso ha cambiado y la mayoría de las mujeres jóvenes pueden disfrutar de libertades que hace decadas no existían ni en sueños. Entonces ¿por qué no hacen uso responsable y razonado de esas libertades? ¿por qué arriesgarlo todo así? ¿por qué confiar en una vendedora en lugar de buscar la asesoría de un médico profesional? ¿por qué ceder a las presiones masculinas a sabiendas de que la integridad física y el futuro están en juego? Podría escribir muchas más preguntas como éstas y seguiría sin entender todas esas contradicciones.

Seguiré pensando y quizás algún día llegue a alguna conclusión...si es que esto es posible.

Si alguna mujer moderna, responsable e inteligente lee esto -yo conozco algunas y sé que hay muchas más- hablen con sus amigas que no lo son y oriéntenlas. Se puede tener lo mejor de los dos mundos si se actúa de manera responsable.